Cada terruño tiene su propia identidad, influenciada por el clima, la altitud y el tipo de suelo, lo que permite una gran diversidad de sabores y estilos en los vinos.
OTROS TERRUÑOS
CÓRDOBA
Allí, la vitivinicultura se desarrolló a partir del siglo XVI con la llegada de los jesuitas. Esa producción se perdió con la expulsión de la Compañía de Jesús, aunque numerosas edificaciones en pie dan testimonio del pasado vínico cordobés.
Camiare es hoy es la bodega más grande y, en cierta forma, marca el ritmo de los vinos cordobeses, apostando por la tradición y modernidad, mientras que la zona que más está creciendo es el Valle de Calamuchita, empujada por el turismo.
Las bodegas de Córdoba son emprendimientos jóvenes, pequeños, que están trabajando su identidad con diferentes variedades y estilos. El empuje del turismo, el conocimiento heredado y las condiciones geográficas dejan pensar un futuro prometedor partiendo de los vinos de paisaje y de contraste que, poco a poco, empiezan a mostrarse más sueltos y cordiales.

BUENOS AIRES
En los últimos años, otras regiones han emergido con fuerza y calidad. Se trata de las vitivinícolas de Buenos Aires: las prometedoras localidades bonaerenses de Balcarce, Tandil y Saldungaray.
Balcarce, Tandil y Saldungaray, representa un capítulo para seguir bien de cerca en la historia vitivinícola argentina, ofreciendo un abanico de experiencias que invitan a explorar y disfrutar la riqueza vinícola de Argentina más allá de sus límites tradicionales.